Diseño de intervenciones en niños con dificultades de aprendizaje. La taxonomía de Fuchs, Fuchs y Malone (2018)

Muchos niños muestran dificultades persistentes en la adquisición de aprendizajes relacionados, por ejemplo, con la lectura, el cálculo o la escritura que precisan de intervenciones eficaces, basadas en la evidencia y que las aborden de forma sostenida e individualizada. En ese ámbito Douglas Fuchs y su equipo han sido referencia en tratar de establecer protocolos para individualizar y responder eficazmente a dichas dificultades. Recientemente publicaron una interesante taxonomía (Fuchs, Fuchs y Malone, 2018) para guiar a los profesionales en el diseño de intervenciones individualizadas. Según ellos, en el diseño de la intervención el profesional debería tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Fuerza: el punto de partida deben ser las intervenciones protocolizadas que se hayan mostrado eficaces para abordar dichos problemas. La forma de medir dicha fuerza es mediante los tamaños de efecto mostrados por las intervenciones controladas, aleatorizadas y validadas en sujetos similares a los que van a recibir la intervención. Los autores indican que hay cierto consenso en que intervenciones con un tamaño de efecto de .25 ya pueden tener cierto impacto en la calidad de vida del estudiante (WWC, 2014). Por poner un ejemplo, para la lectura podrían elegirse intervenciones como las que aparecen en el metaanálisis de Wanzek et al. (2018) que muestran efectos medios de .40.

  • Alineación: la intervención debe estar alineada con las necesidades concretas del niño. Por ejemplo, lo niños pueden tener dificultades en la lectura relacionadas con la decodificación fonológica, la fluidez en la lectura o la comprensión y las intervenciones para tales casos serán diferentes. Igualmente, en lo que a matemáticas se refiere, las dificultades podrían tener que ver problemas en la adquisición de los hechos numéricos, el conteo, o la resolución de problemas, entre otros. El programa debe ajustarse bien a las características del niño.
  • Dosis: debe establecerse el tiempo total estimado para la intervención, el número de sesiones y la frecuencia de estas. Lo que sabemos sobre los beneficios de la práctica distribuida e intercalada pueden ser de utilidad en esta labor.
  • Exhaustividad: los autores indican aquí que el programa debe basarse y describir los principios instruccionales sólidos que serán necesarios. Aspectos como la instrucción directa, focalizada y explícita, el modelado, la graduación sistemática de la dificultad en base a la respuesta del niño, el feedback frecuente, centrado en la tarea y con soporte gráfico o la planificación sesiones que revisen periódicamente lo visto pueden ser importantes.
  • Apoyo conductual: muchos niños que necesitan intervenciones intensivas tienen también problemas para autorregularse o presentan baja motivación. Incluir programas para la enseñanza de estrategias que mejoren la autorregulación aplicadas a la ejecución de tareas concretas (véase el programa SRSD) o incluir programas para la mejora de la conducta (colaborando con profesionales especialistas en dichas áreas) puede ser interesante.
  • Transferencia: la intervención debe llevar componentes que transfieran explícitamente los aprendizajes a habilidades más complejas. Por ejemplo, no tiene sentido reeducar los patrones grafomotores de un niño con letra poco legible de forma aislada y no transferirlos a la escritura de sílabas o palabras. Tampoco lo tendrían programas para la mejora de la decodificación y la conciencia fonológica que no transfirieran las mejoras en lecturas de sílabas a la lectura de palabras y textos. La transferencia de lo aprendido a otros contextos debe ser un aspecto que cuidar y considerar.
  • Individualización: esta parte es compleja y requiere monitorizar la respuesta del niño a la intervención. Partiendo de una evaluación inicial y en función de si se alcanza o no la mejora esperada debe graduarse la intervención en base a aspectos cuantitativos (mayor número de sesiones, mayor tiempo por sesión…) o cualitativos (modificación de los componentes del programa). Algunos autores que han estudiado esta individualización basada en datos (véase en lectura el paradigma Data Based Individualization de Lindstrom et al., 2019) recomiendan multiplicar por 1.5 las puntuaciones del niño al inicio de la intervención para tener una meta ambiciosa a alcanzar durante un año escolar. El profesional debe medir periódicamente si se acerca a dichas puntuaciones y modificar la intervención en base a los datos recabados de forma que pueda individualizar la intervención que el niño precisa. 

Conclusiones

Llevar a cabo intervenciones educativas intensivas, individualizadas y de calidad es difícil y requiere muchos recursos. Requiere mucho más que bajar materiales de una plataforma o comprar un cuadernillo. Taxonomías como las de Fuchs, Fuchs y Malone (2018) nos ayudan a tener en cuenta la gran cantidad de aspectos que hay que cuidar.

Referencias

Fuchs, L. S., Fuchs, D., y Malone, A. S. (2018). The taxonomy of intervention intensity. Teaching Exceptional Children, 50(4), 194-202.

Lindström, E. R., Gesel, S. A., & Lemons, C. J. (2019). Data-based individualization in reading: tips for successful implementation. Intervention in School and Clinic, 55(2), 113-119.

What Works Clearing House. (2014). Procedures and standards handbook.


Comentarios

  1. Me descargaré toda esta información para releerla e imprimir el resumen como una guía a revisar con frecuencia. Es importante ver lo bueno que estamos haciendo y los aspectos que debemos seguir mejorando. Gracias por compartir.

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