EL PELIGRO DE ABORDAR LA DISLEXIA COMO UN TRASTORNO PERCEPTIVO-VISUAL

Hace ya más de un siglo, un médico desconocido, persistente y joven vivía enfrascado en una pelea desigual contra los grandes expertos de su tiempo. Su hipótesis: que la teoría reticular que entendía el sistema nervioso como un tejido continuo e indivisible estaba equivocada. Su descubrimiento: las neuronas, que llegaron para darle la razón. Desde que Don Santiago Ramón y Cajal dio a conocer su descubrimiento hasta que la verdad llegó a los manuales de medicina pasaron muchos años (Cajal, 1917). Y es que la verdad es, a veces, tan esquiva como los ojos que se empeñan en ignorarla.

En lo relativo a las dificultades específicas de aprendizaje de la lectura (o dislexia en el ámbito clínico) la misma verdad que parecía escapársele a Don Santiago parece rehuir de nuevo a los profesionales actuales. Pese a que son muchos los investigadores, extranjeros y españoles, que nos advierten de que la dislexia no está provocada por problemas de visión (Artigas-Pallarés, 2000; Suárez-Coalla y Cuetos, 2012; Vellutino, 1979) son muchos los materiales, tanto en el ámbito diagnóstico como de la intervención psicopedagógica, que incorporan tareas o entrenamiento de carácter perceptivo visual, tales como el uso de gafas tintadas, ignorando la evidencia en contra.

LA DISLEXIA: UN DÉFCIT FONOLÓGICO

La hipótesis que más evidencia empírica acumula para explicar la dislexia es la que entiende ésta como un déficit fonológico (Cuetos, 2009). Esta hipótesis, que hace 40 años suplantó a golpe de evidencia empírica a la teoría perceptivo-visual, que afirmaba que la lectura deficitaría se debía a problemas de visión, se ha visto respaldada por estudios llevados a cabo en universidades de todo el mundo, en idiomas transparentes y menos transparentes, por investigadores que no tienen ninguna relación entre sí. Dicha teoría podría explicarse, según Ramus (2003), a través de la dificultad de los niños con dislexia para representar y manipular de manera adecuada los fonemas, así como descomponer y manejar con fluidez las unidades que componen el lenguaje (sílabas). Según Cuetos, Suárez-Coalla, Molina y Llenderrozas (2015) tres son los tipos de evidencias que hoy sostienen la dislexia como una dificultad de base fonológica:

  1. Estudios longitudinales: estudios en los que participan niños que, a edades prelectoras, muestran dificultades de carácter fonológico, muestran como, con el paso del tiempo, estos niños acaban presentando dificultades en la lectura. Como ejemplo podríamos poner el estudio finés de  Lyytinen y sus colaboradores (2004).
  2. Estudios de intervención: sabemos que cuando se interviene a edades tempranas a través de tareas fonológicas los niños mejoran el aprendizaje de la lectura (González, Cuetos, Villar y Uceira, 2015).
  3. Estudios de rendimiento: en estudios de rendimiento entre adultos con dislexia y adultos normolectores los primeros siempre muestran mayores dificultades en el procesamiento fonológico (Ramus, 2003).

EVIDENCIAS CONTRARIAS A LA DISLEXIA COMO UN TRASTORNO PERCEPTIVO-VISUAL

No obstante, y pese a lo anterior, aun siguen quedando algunas huellas de la anterior teoría perceptivo-visual. Podemos encontrar dichas huellas en novedosas pruebas de cribaje que incorporan tareas de tareas de discriminar formas según su orientación, en tratamientos que se basan en el uso de gafas teñidas, o en ejercicios que nada tienen de fonológico, como discriminar la forma de la letra "p" entre un montón de letras "b".

Fue Frank Vellutino, en 1979, el que presentó estudios en los que demostraba que cuando los niños con dislexia leen la letra /p/ como una /b/, o intercambian el orden de los fonemas, como por ejemplo en /pra/ por /par/, la dificultad no reside en un fallo en la visión de las letras, sino en un fallo en el procesamiento de los sonidos que se asocian a dichas letras, es decir, eran fallos de carácter fonológico. Por tanto, entrenar a los niños con dislexia en tareas que impliquen distinguir la forma de las letras sin que el sonido entre en juego no tiene una fundamentación científica.

En lo relativo a la intervención en la dislexia a través de ejercicios visuales, mediante el uso de gafas tintadas, la Asociación Americana de Pediatría advierte, en editoriales publicadas en 1992 y 1998, lo siguiente:

"Las afirmaciones de la mejora de la lectura y el aprendizaje después de un entrenamiento visual, como el uso de lentes teñidas, se basan en estudios mal controlados que carecen de validez científica".

Para completar lo anterior, en nuestro país, la Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología presentaba en 2016 un estudio realizado por Ripoll y Aguado donde también se informaba de "la ineficiencia de los tratamientos visuales a través de lentes teñidas".

En definitiva, Fernando Cuetos (2009) resume algunos de los principales escollos que tienen las teorías perceptivo-visuales:

  • Se ha demostrado que  una gran mayoría de niños con dislexia no tiene problemas de visión.
  • Existen  niños con dificultades a nivel perceptivo-visual sin problemas de lectura.
  • Los patrones erráticos en los movimientos oculares que muchas veces se aprecian en niños con dislexia no serían tanto la causa de una mala lectura, como la consecuencia de un procesamiento fonológico alterado, que les obliga a leer realizando muchas regresiones.


UN EXPERIMENTO CONCRETO

Nada abre tanto los ojos como el entendimiento de un suceso particular. En 2012, Suárez-Coalla y Cuetos presentaban su artículo ¿Es la dislexia un trastorno perceptivo-visual?, donde se presentaba una sencilla pero clarificadora investigación, que podríamos dividir en dos fases:

  • Parte A. Niños con dislexia y niños normolectores debían reconocer una serie de objetos mediante una tarea no lingüística, esto es, pulsando un botón. Era una tarea meramente visual en la que ambos grupos no mostraron diferencias significativas.
  • Parte B. Niños con dislexia y niños normolectores debían nombrar lo antes posible un objeto que se les indicaba previamente. En esta tarea los niños con dislexia empleaban un tiempo significativamente mayor que los niños normolectores.
  • Conclusión. Cuando la tarea era meramente visual, los dos grupos no mostraron diferencias entre sí. Al cambiar el objetivo de la tarea, esta exigía a los niños no solo reconocer, sino nombrar, por lo que estos debían acceder a sus representaciones fonológicas almacenadas en la memoria a largo plazo. Estos resultados son coherentes con los datos que muestran las investigaciones actuales.


LA RUTA VISUAL: UNA POSIBLE CONFUSIÓN

El modelo de doble ruta de Coltheart (1976) establece, de manera enórmemente simplificada, dos vías, una fonológica (que se encarga de decodificar las letras secuencialmente en palabras largas, desconocidas o de baja frecuencia) y otra ortográfica, o visual (que reconoce las palabras familiares como un  todo), y que nos evita el costoso trabajo de decodificar todo lo que leemos, llevándonos a una lectura más fluida.

Debe entenderse que cuando se establece que una persona tiene dificultades en la ruta visual u ortográfica, lo que ocurre en muchas personas con dislexia, no se indica que esa persona tenga  problemas de visión, si no que se quiere transmitir que dicha persona muestra problemas para representar, en su memoria a largo plazo una representación visual de la palabras, que le permita leer con fluidez. No se trataría de un problema de visión, sino de un problema derivado de la menor activación en estos sujetos de la zona occipitotemporal izquierda, que se encarga del reconocimiento automático de las palabras (Cuetos, González y De Vega, 2017)

EVIDENCIAS NEUROLÓGICAS

Los estudios de neuroimagen son el último bastión de aquellos que quieren hacernos ver la luz. Sabemos que en las personas con dislexia, las áreas del cerebro que se han establecido como claves en el procesamiento fonológico, como la parietotemporal, que participa en la conversión grafema-fonema, la occipitotemporal, encargada del reconocimiento automático de las palabras, o la zona frontal, cercana al área de Broca, encargada del procesamiento de fonemas palabras y significados se activan en mucha menor medida en los estudios de neuroimagen (Defior, Serrano y González, 2015). Este tipo de evidencias vienen a finalizar muchas de las conclusiones anteriormente indicadas.

CONCLUSIONES

Es posible que un niño o un adulto, a causa de una visión deficitaria, tenga problemas para leer. No obstante, no debe confundirse esta eventualidad con la dislexia. Resulta indispensable, ya que la intervención de estos niños es más efectiva a edades tempranas (Cuetos, Suárez-Coalla, Molina y Llenderrozas, 2015), que los profesionales empleemos el tiempo de las personas con dislexia en aquellas intervenciones que sabemos avaladas por la ciencia.

Referencias

Artigas Pallares, J. (2000). Disfunción cognitiva en la dislexia y disgrafía.

Cajal, S. R. (1917). Recuerdos de mi vida. Librería de Nicolás Moya.

Cuetos, F. (2009). Dislexias evolutivas: un puzzle por resolver. Revista de logopedia, foniatría y audiología29(2), 78-84.

Cuetos, F., González, J., & De Vega, M. (2017). Psicología del lenguajeMadrid: Ed. Médica-Panamericana.

Cuetos, F., Suárez-Coalla, P., Molina, M. I., y Llenderrozas, M. C. (2015). Test para la detección temprana de las dificultades en el aprendizaje de la lectura y escritura. Pediatría Atención Primaria17(66), 99-107.

Defior, S., y Serrano, F. (2011). Procesos fonológicos explícitos e implícitos. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11(1), 79-94

González, R. M., Cuetos, F., Vilar, J., & Uceira, E. (2015). Efectos de la intervención en conciencia fonológica y velocidad de denominación sobre el aprendizaje de la escritura. Aula abierta43(1), 1-8.

Lyytinen, H., Aro, M., Eklund, K., Erskine, J., Guttorm, T., Laakso, M. L., ... & Torppa, M. (2004). The development of children at familial risk for dyslexia: birth to early school age. Annals of dyslexia54(2), 184-220.

Ramus, F., Rosen, S., Dakin, S. C., Day, B. L., Castellote, J. M., White, S., & Frith, U. (2003). Theories of developmental dyslexia: insights from a multiple case study of dyslexic adults. Brain126(4), 841-865.

Ripoll, J. C., y Aguado, G. A. (2016). Eficacia de las intervenciones para el tratamiento de la dislexia: una revisión. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología36(2), 85-100.

Suárez Coalla, P., & Cuetos Vega, F. (2012). ¿ Es la dislexia un trastorno perceptivo-visual? Nuevos datos empíricos. Psicothema24(2).

Vellutino, F. R. (1979). Dyslexia: Research and theory.

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