BASES NEUROLÓGICAS: APRENDIZAJE Y DIFICULTADES EN LA LECTURA

Para los que han dedicado sus esfuerzos a investigar desde las ciencias de la educación, el repaso de la historia deja un triste balance. Metodologías que se anunciaban como novedosas a principios o mediados del Siglo XX, como el aprendizaje cooperativo, o el aprendizaje por proyectos, siguen sin haberse aplicado sistemáticamente a principios del siguiente siglo, ni siquiera sabiendo como sabemos, que nuestros antiguas formas de enseñanza han dejado uno de los más persistentes rastros de fracaso escolar en el continente europeo (Fernández-Enguita, Mena-Martínez y Riviere-Gómez, 2010).

Lo que no esperaba la pedagogía es que, de los avances en neurociencia, le llegara una inesperada ayuda para convencer, a propios y extraños, de que el cambio es necesario. En lo relativo a la lectura, los estudios de neuroimagen dejan poco margen de maniobra a aquellos que esgrimían frases tan peligrosas como "yo no creo en la dislexia" y achacaban toda dificultad de aprendizaje a la ausencia de esfuerzo. Contra esta falta de información, libros como el de Psicología del lenguaje, de Cuetos, González y De Vega (2017), pueden ayudar a los educadores a comprender mejor aspectos básicos de la lectura y la comprensión lectora, mientras esperamos, con paciencia, a que las facultades de educación incluyan estos conocimientos en la formación del profesorado.

Cerebro y aprendizaje de la lectura: un breve resumen

Por desgracia, la lectura no está programada en el cerebro, por lo que el niño debe dedicar a esta trabajosa tarea zonas de este que, en un principio, la biología había reservado para otros fines (Wolf, 2007). Para comenzar a leer el niño debe crear conexiones entre la imagen de las letras o grafemas y su sonido fonemas. Para conseguir esto, los niños deben crear conexiones entre las zonas visuales, situadas en los lóbulos occipitales (donde se reconocen visualmente las letras) y el área parietotemoral izquierda (donde se analizan auditivamente los fonemas). Posteriormente, una vez que el niño ha transformado las letras en sonidos, debe trasladar está información desde el área parietotemporal al área de Broca, a través del fáscículo arqueado,  lo que le permitirá pronunciar los sonidos y realizar la lectura en voz alta (Cuetos, González y De Vega, 2017). A esta ruta, que une la zona occipital, el área parietotemporal y el área de Broca, se le denomina ruta dorsal y es la primera que aprenden los niños cuando leen. En el modelo de doble ruta de Coltheart, la ruta dorsal correspondería a la llamada via subléxica o fonológica (Coltheart et al., 2001) encargada de realizar la conversión grafema-fonema, y que suele funcionar deficitariamente en los niños con dislexia, que presentan grandes dificultades en el procesamiento fonológico (Defior y Serrano, 2011).

De este breve resumen del desarrollo de la ruta dorsal, se deben extraer dos conclusiones a nivel pedagógico:
  1. Para que el niño aprenda a leer debe tener desarrolladas adecuadamente ambas áreas cerebrales (visual/occipital y auditiva/parietotemporal). Esto explicaría el fracaso de aquellos que han intentado enseñar la lectura a niños cuyo desarrollo neurológico no era el adecuado desde el punto de vista evolutivo.
  2. El aprendizaje de la lectura requiere reforzar conexiones neuronales entre la zona parietotemporal y la occipital, por lo tanto, la lectura requiere un entrenamiento periódico y sistemático (Secadas y Alfaro, 2000).
Ruta ventral y dislexia

Posteriormente, el niño ya no necesita leer las letras una por una, y empieza a reconocer las palabras como un todo. Esto se debe al desarrollo de la zona occipitotemporal denominada área de la forma visual de la palabra. Esta zona se conecta con las zonas media e inferior del temporal izquierdo para acceder al significado de las palabras, sin la necesidad de decodificar, como se hacía durante el aprendizaje de la lectura, cada letra por separado (Cuetos, González y De Vega, 2017).  A la unión de estas zonas de nuevo con el área Broca, para la lectura en voz alta, se le denomina como  ruta ventral y es indispensable para la fluidez lectora,  correspondiendo a la ruta léxica/ortográfica de los modelos tradicionales (Coltheart et al., 2001).

En las personas con dislexia, algunas de las áreas que se han nombrado, como la parietotemporal, que participa en la conversión grafema-fonema, la occipitotemporal, encargada del reconocimiento automático de las palabras, o la zona frontal, cercana al área de Broca, encargada del procesamiento de fonemas palabras y significados se activan en mucha menor medida en los estudios de neuroimagen (Defior, Serrano y González, 2015) . Esto, unido a otras evidencias que han encontrado menos sustancia blanca en el cuerpo calloso o el fascículo arqueado en personas con dislexia (Cuetos, González y De Vega, 2017) dejan sin argumentos a aquellos, que todavía hoy, siguen cuestionando estas dificultades.

Referencias

Coltheart, M., Rastle, K., Perry, C., Langdon, R., & Ziegler, J. (2001). DRC: a dual route cascaded model of visual word recognition and reading aloud. Psychological review108(1), 204.

Cuetos, F., González, J., & De Vega, M. (2017). Psicología del lenguajeMadrid: Ed. Médica-Panamericana.

Defior, S., y Serrano, F. (2011). Procesos fonológicos explícitos e implícitos. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11(1), 79-94.

Defior, S., Serrano, F., y Gutiérrez, N. (2015). Dificultades específicas de aprendizaje. Madrid, España: Síntesis

Fernández Enguita, M., Mena Martínez, L., y Riviere Gómez, J. (2010). Fracaso y abandono escolar en España. La Caixa.

Secadas, F. y Alfaro, I. (2000). Leer es fácil. Madrid, España: CEPE.

Wolf, M. (2007). ¿Cómo aprendemos a leer?. Barcelona, España: Ediciones B.

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