Dificultades Específicas de Aprendizaje. ¿Esperando al fracaso?

Hasta la fecha, ningún sistema de los concebidos para la organización del ser humano es perfecto y es de sobra conocido que nuestro sistema educativo no fue creado para desmentir este hecho. Los sistemas ideados para el ajuste de la mayoría dejan siempre en aquellos que no se adaptan un deje de sufrimiento y, en lo que respecta al sistema educativo, este hecho resulta aun más difícil de soportar, puesto que recae en algunos de nuestros alumnos. De entre todos los niños que no se adaptan a nuestro sistema de enseñanza, uno de los grupos más comunes (Fletcher, Lyon, Fuchs y Barnes, 2006), uno de los que lleva un mayor rastro de exclusión a sus espaldas, es el formado por los niños con dificultades específicas de aprendizaje (DEA).


Y es que los avances en el neurodesarrollo han desatado una epidemia de dislexias, discalculias o disortografías que no son para muchos profesionales sino términos vagos que, pese a estar recogidos de una forma u otra en manuales de referencia como el DSM-5 (2013), no encuentran aun en el imaginario colectivo una etiología concreta , unos perfiles cognitivos claros y una intervención pisoeducativa concisa. Hasta la realidad parece, a veces, burlarse de nosotros. En ocasiones, y poniendo un ejemplo a azar relacionado con la lectoescritura, el niño presenta una lectura fluida pero no comprende, contrariamente, se perciben casos de niños que leen sin ritmo pero que acaban extrayendo el significado del texto (Catts, Adlof y Weisner, 2006). Y mientras estos hechos, explicables pero incomprendidos, provocan miradas de perplejidad en los profesionales, nuestros alumnos continúan llenando las aulas con dificultades para reconocer las palabras de forma automática, comparar dos cantidades numéricas, comprender lo que leen y, en definitiva, un sinfín de largos etcéteras que provocan sufrimiento, frustración en docentes, familias y alumnos y a los que el sistema, pillado una vez más por sorpresa, no acaba aun de hacer frente. 

Al modo en que diagnosticamos y enfrentamos las DEA en nuestro sistema educativo Fletcher y sus colaboradores (2004) le dieron un nombre nefasto, pero que no carece de razón: el modelo Wait to Fall, el modelo de esperar al fracaso. Los niños con estas dificultades se detectan cuando la neuropsicología ya nos indica que el cerebro no es permeable a la intervención. Los etiquetamos pero ya no acompañamos la etiqueta de una solución viable. Existen excepciones admirables a esto pero parece que, de manera general, Fletcher y su equipo hicieron una radiografía perfecta de nuestra realidad.

Por ello, desde la perspectiva de un profesional que en la actualidad se dedica a la detección y el tratamiento de este tipo de dificultades, presento este espacio para compartir experiencias, reflexiones y sobre todo ciencia, que es lo que más necesitamos, para sumar ese grano de arena que contribuya a la mejora de las condiciones y los aprendizajes de estos niños.


Referencias


Catts, H. W., Adlof, S. M., & Weismer, S. E. (2006). Language deficits in poor comprehenders: A                            case for the                                 simple view of reading. Journal of Speech, Language,                          and Hearing Research49(2), 278-293.
  
De Psicología, Asociación Internacional (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos                             mentales:                                DSM-5. Editorial medica panamericana.

Fletcher, J. M., Lyon, G. R., Fuchs, L. S., & Barnes, M. A. (2006). Learning disabilities: From                                   identification to                                 intervention. Guilford press.

Fletcher, J. M., Coulter, W. A., Reschly, D. J., & Vaughn, S. (2004). Alternative approaches to the                               definition and                       identification of learning disabilities: Some questions and                           answers. Annals of dyslexia54(2), 304-331.

Comentarios

  1. Gracias! Sí yo siento lo mismo pero como maestra. Ahora hay un test de detección que en 15 minutos dice si hay riesgo, con bastante precisión: dytective. Las escuelas podrían hacerselo a sus alumnos para detectar a los niños en riesgo. Sin dignosticar, que por supuesto lo deberá hacer el profesional.

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